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Esta novela evoca un París mítico, el último París mítico: el de los años que desembocarán en las consignas y las barricadas de mayo del 68. El París de De Gaulle en la Presidencia y André Malraux como ministro de Cultura y el belga Jacques Brel y la judía Barbara como los cantores de la ciudad, el de Sartre y Beauvoir en el Café de Flore, el de un pintor enamorado y una bandita de prostitutas y prostitutos y una mujer amada que deja París y un joven que es seducido por una sordomuda en la Cinémathèque de Langlois: un París tan hermoso como despiadado en el que el narrador está dispuesto a morirse de hambre si así tiene que ser, porque así es París.

Lírica, divertida, histórica, melancólica, París desaparece es una novela con el peculiar sabor sardónico de los años sesenta parisienses, narrada en primera persona por un jovencísimo escritor mexicano, casi un niño, asombrado y encantado de lo que está viendo y viviendo, incluyendo sus extrañas relaciones con Sartre, con el susodicho pintor (que pinta un falso Matisse), con su sensual tía Adela de visita, con el bellísimo Alain acusado de asesinato y convertido en transformista, con Didi y Margot, con Jeanne que se fue a Ámsterdam llevando una foto de Quetzalcóatl, y con una vidente rusa a través de la cual se expresa un señor francés que conversa y disputa con André Breton en el más allá. 

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Puede que este breve libro sea apenas un resto, una ruina, lo que queda de una miríada de civilizaciones. Un puñado de textos muy breves, donde en un gesto crucial queda esbozada una cultura. Una colección de ilustraciones que producen la imagen alegórica de todo un pueblo. Puede que este breve libro sea una colección de futuros, un lugar donde algunos ejemplos sirven como conjuros que, además de convocar con la precisión de muy pocas palabras, sugieren variaciones, series. Se quedan en la memoria y sugieren también lo que no dicen.

No se puede confiar en lo que surge a primera vista: por­que estos mundos emergen de la trama conjetural de traducciones, polémicas, leyendas y versiones imposibles de verificar o desmentir, cruces que los llamados a pie de página, y por lo tanto a fuentes ulteriores de erudición, postergan aunque parecen estar cimentándolos. No se puede confiar en la naturaleza histórica de los textos, no se sabe cuál es la relación entre los textos y las ilustraciones, no se sabe cuál es la relación entre el autor de los textos y la autora de las imágenes. Hay entonces que jugar. Decidirse a ser arqueólogo y demiurgo.

Alberto Chimal es el mejor lector en los últimos años de Calvino y de Borges porque en vez de admirarlos desde la cita, se aboca a volver a imaginar. En un medio sobresaturado de fidelidades a la prensa, este libro reaparece y refresca un panorama editorial unánime. Hay que celebrarlo. Hoy Gente del Mundo es más importante que nunca.

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Nuevo formato

Esta novela –una de las memorias más apasionantes de la literatura mexicana, con casi medio siglo de gozar del favor de los lectores– tiene dos narradoras: Jesusa Palancares, quien cuenta su vida, y Elena Poniatowska, quien recrea con oficio y sensibilidad excepcionales los avatares de una vida notable no sólo por su originalidad sino también por la luz que arroja sobre momentos y costumbres cruciales.
Jesusa Palancares es la voz que cuenta en primera persona la historia de México en el siglo XX desde su peculiares modismos musicales. Como en Cartucho de Nellie Campobello, Hasta no verte Jesús mío guarda en su interior, como dentro de un alhajero, el idioma del campo y de la ciudad tal como Elena Poniatowska aprendió a escucharlo. Basada en esa escucha, en ese recorrer los sonidos del testimonio, Hasta no verte Jesús mío va hilvanando las vidas de las mujeres que despertaron con la Revolución Mexicana en forma de soldaderas, sirvientas, obreras. Abandonadas, siempre abandonadas, jamás necesitaron de los hombres. Esta novela cuenta la historia de la fortaleza del país: sus mujeres.

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Piratas, corsarios y filibusteros en el Golfo de México

Este libro se propone navegar en el inmenso océano de interpretaciones, anécdotas e imágenes románticas acerca de los piratas y su tiempo para arribar a las posibles causas del fenómeno del robo marítimo en el sistema mercantilista de antiguo régimen que tuvo su última expresión en el escenario del Caribe insular y de Tierra Firme de la América colonizada por el imperio español.
La piratería estatal y privada fue la estrategia de sus enemigos para debilitar el imperio español y sería la parte más visible del despojo violento que llevó a la configuración de un mercado totalizador, y de una moderna economía mundial que pronto se convertiría en un capitalismo industrial aparentemente “apacible”.
La piratería debe analizarse en el contexto de la globalización de los mercados, en la medida en que el pillaje marítimo era una parte de la lucha por la expansión y el reacomodo territorial de las grandes potencias. No solamente fue un obstáculo para el comercio de los siglos coloniales (a la vez que paradójicamente contribuía a su desarrollo), sino que también tuvo un papel en los procesos sociales y económicos, pues esas actividades de hurto se complementaban perfectamente con el intercambio legal y cotidiano, estableciendo una especie de continuidad entre la piratería y el comercio que está en el origen de su reproducción y de su larga permanencia.
Tratamos aquí de explicar el tránsito de una confrontación encarnizada y feroz –basada en el saqueo de las riquezas del imperio español de los siglos XVI y XVII–, hacia una economía moderna de corte capitalista, que pasa antes por el contrabando y la formación de los mercados internos y alcanza su mejor expresión en la revolución industrial inglesa de los siglos XVIII y XIX.

 

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Apogeo y caída del Imperio Azteca

Para intentar esta “biografía” del emperador Moctezuma, Michel Graulich parte de la pregunta: ¿es posible escribir la vida de una persona­lidad precolombina, reconstruir su historia en el sentido que nosotros le damos a la palabra, establecer los hechos y las circunstancias, las causas y los efectos, determinar los móviles, apreciar las intenciones? La respuesta es una investigación exhaustiva cuyo objetivo es tratar de saber lo más posible sobre el reinado de Moctezuma II antes de la Conquista.

El último emperador de los aztecas es una figura fascinante y trágica: co­nocido principalmente como desafortunado adversario de Hernán Cortés, pocas veces se recuerda que también fue víctima del juicio de la Historia.

Cortés y su pequeña tropa sólo eran la vanguardia de todo un mundo nuevo. Moctezuma lo entendió, y definió su conducta en consecuencia. Pero la Historia juzga a Moctezuma con severidad: prefirió el arrojo y la valentía del joven y heroico Cuauhtémoc –que arrastró a su pueblo entero a un gigantesco suicidio colectivo– y nombró pasividad lo que sólo era legítima prudencia. No cabe duda de que Moctezuma fue el más grande y el más lúcido de los nueve soberanos de México, y su época la más notable de toda la historia azteca. Pero la terrible irrupción española opacó todo lo demás y nunca hasta este libro se había hecho un estudio detallado de su reinado.

La información sobre Moctezuma es abundante, relativamente variada y reciente. Las fuentes indígenas relativas a la Conquista son escritos de la época colonial, bastante posteriores a lo que relatan. Va­rios cronistas tratan de explicar la caída del imperio en función de los antecedentes míticos y de las concepciones mexicas de la historia. Así, podemos sorprender in fraganti el proceso de “mitificación”, ver cómo el hecho de la Conquista va siendo reinterpretado y remodelado. Tenemos además fuentes españolas. A ello se agregan los documentos de los archivos.

Todos estos datos en su conjunto, si bien no nos permiten a fin de cuentas escribir la vida de Moctezuma como tal –concluye Graulich–, sí hacen posible bosquejar con razonable certeza muchos de sus actos de gobierno, los principales acontecimientos de su época y, también, instalar la escenografía y pintar las mentalidades. Tales son los extraordinarios logros de este libro.

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Antología personal

“Cuando el objeto ya no está, / cuando los actos mueren / queda aún la palabra que los nombra, fantasma / de pre­sencias que se disuelven. / Envuelto en esta herencia nos llega el tiempo”. La palabra de José Emilio Pacheco nos lega su tiempo, la sucesión modesta de lo que vivió. Pero al recuperarse en su palabra, este tiempo deja de ser meramente anecdótico y crece; se vuelve inmenso. Es tiempo reflexivo y convierte el instante en parte de la historia; es tiempo imaginativo y hace que en la historia se abra el haz de las versiones que no ha cumplido, pero sin dejar nunca de ser tiempo precioso porque aunque se recuerde con tierna minucia, no puede recuperarse: “Cómo volver a ese lugar que ya no está. / Imposible encontrarlo”.

A José Emilio Pacheco le habla la memoria, pero también se le revela la naturaleza mediante una observación penetrante, paciente, al mismo tiempo terrible y maravillosa: “El erizo nunca se ha visto. / No se conoce a sí mismo”. En su poesía la naturaleza no es algo que esté más allá de nosotros sino que, como el tiempo, nos incluye, y como la historia, nos juzga. La ética no es un invento filosófico, es la consecuencia del rigor poético.

“No hay sinónimos / existe nada más el término exacto, / una palabra para cada cosa. Debe ceñirse, / como la piel al cuerpo, a lo que nombra”. Una palabra que puede ser una de las que José Emilio Pacheco hizo suyas, trabajándolas a lo largo de las décadas –todo, mundo, noche, tie­rra, tiempo, vida– o las palabras que oye decir a otros y hace que ardan, compartidas, en su propia página. Otros: Virgilio, Bernal, Francisco de Terrazas, Sor Juana, Flaubert, Juan de Dios Peza, Rilke, López Velar­de, Rokha, Rulfo, Poniatowska... Pero también toma palabras nuestras. Las nuestras pero lavadas. Las nuestras como tendrían que ser, para ser siempre. 

En esta antología generosa prologada por Jorge Fernández Granados, están todos los registros de nuestro gran poeta, del que vivió siempre desde la literatura: el poema brevísimo de un solo verso y los poemas en prosa, sus trabajos tempranos y los últimos que dio a la imprenta; al leerlo junto, siempre encontramos su voz y siempre nos encontramos gracias a esa voz.

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En Isla de bobos, Ana García Bergua se remonta a las décadas pre y posrevolucionarias para reanimar una extraña tragedia olvidada y marginal. La novela se basa en un suceso real acontecido en la isla de Clipperton, un atolón cora­lino que se localiza en el Pacífico mexicano frente a las costas de Michoacán y es hoy dominio francés. Porfirio Díaz rechazó las pretensiones francesas sobre la isla  y la reivindicó para México; la Compañía Británica de las Islas del Pacífico adquirió del gobierno mexicano los derechos de explotación de los depósitos de guano de la isla y construyó allí un asentamiento minero. A causa de las luchas revolucionarias, el destacamento militar que guardaba la isla y los escasos civiles que allí había fueron totalmente abandonados y suspendido su periódico abasto desde el continente. De escorbuto o de inanición murieron todos los varones excepto uno, quien se dedicó a abusar de las mujeres de la isla hasta que, milagrosamente, fueron rescatadas.

Isla de bobos muestra el exceso de celo patriótico que ilumina a uno de los protagonistas de aquella historia: el capitán del ejército federal Raúl Soulier, quien, destacado a la remota e inhóspita isla de K. para prevenir cualquier intervención extranjera, se traslada allá con su esposa, también dispuesta a cumplir una alta misión y a consumar su idilio en esa especie de antiparaíso. Y allí permanecen ambos, hasta las últimas consecuencias, como fervientes siervos del honor y del amor.

Si algo caracteriza la escritura de Ana García Bergua es la li­gereza de su trazo, la tersura de una prosa transparente que progresa con naturalidad y aparente sencillez, para desplegar los sentimientos, motivaciones, aspiraciones y, también, tonterías o errores que guían a sus protagonistas. Empleando sus instrumentos como en sordina la autora logra un relato complejo y conmovedor, a la vez una novela histórica de notable fidelidad y una hermosa novela de amor.

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Hace muchos años, en un reino muy lejano, un apuesto príncipe se encontró con una bella aristócrata porfiriana. Él era el heredero del trono de Polonia y se llamaba Jean Joseph Evremond Sperry Poniatowski; ella se llamaba Dolores pero se apellidaba Amor, y él cayó rendido a sus pies. El príncipe y la aristócrata se casaron y tuvieron tres hijos, entre ellos, una princesita a la que bautizaron bajo el nombre de Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor, a la que todos llamaban Elenita.

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Antología poética (edición de bolsillo)

Dice Antonio Deltoro en su prólogo, que esta antología: “Comienza por un poema de juventud que habla de un jardín y termina con un poema de valiente despedida. El lector se dará cuenta que hay algo que a través de las épocas, de los metros y de la extensión hace de un poema de Paz un poema de Paz; pienso que, más allá de un estilo, es la vivacidad de un temperamento gobernado por un ritmo, una actitud inteligente que siempre da la cara más allá de la forma del poema. Esa vivacidad creadora la encontrará el lector como un manantial o un surtidor en cada una de las páginas de esta antología.

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Antología personal (edición de bolsillo)

Transa poética, antología personalísima, incluye los poemas con que Efraín Huerta señaló las es­ta­­cio­nes preferidas de su quehacer poético. Desde composiciones tan tempranas como “La poesía ene­miga” hasta textos muy posteriores como “Barbas para desatar la lujuria” o el “Manifiesto nalgaísta”, esta selección del autor despliega los múltiples tonos de su gama. La obra de Efraín Huerta es una y va­riada: de la pasión amorosa al explosivo y mexicano sentido del humor, esta extraordinaria escritura poética muestra una conmovedora capacidad para ha­bitar el mundo de todos los días con intensi­dad y pureza únicas. Esta Transa poética es festiva, ceremonial, calle­jera, contemplativa, un libro cuya brillantez no intimida, sino que lo acerca, hasta que terminamos por leerlo y releerlo con apasionada amistad.

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Este volumen recoge cuatro cuentos de Eduardo Antonio Parra que son ya clásicos de la li­teratura mexicana. Representan una selección de lo que Parra hace incomparablemente: narrar sin concesiones, sin atajos; aquí está su don, su toque de gracia, pero también el arduo trabajo de su arte. El premio es la intensidad de las verdaderas metamorfosis, las interiores.

A través de unos pocos personajes, están aquí pue­blos y ciudades pequeñas y grandes. No son pai­sajes, como en el costumbrismo y la crónica, son mundos. San Buenaventura, Hualahuises, Ciudad Juárez cobran la consistencia de todos nuestros pueblos y nuestras ciudades. Porque en estos relatos hay putas y ángeles, matones y mártires, pero sobre todo está el momento de su transformación: cuando un personaje se revela tan completo que desde su abismo se nos convierte no sólo en persona, sino en nuestro; la diferencia es la misma que distingue las palabras “recordable” y “memorable”. Su presente es tan intenso que acarrea un pasado amplio, pero aquí las costumbres, los usos, las rutas aceptadas vuelven desde el punto en que la violencia las corta; sin perder un ins­tante su poder de fascinación, narran un momento extraordinario y lo crean. 

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juan gelman; poesia gelman; ultimos poemas de juan gelman

¿Y

si la poesía fuera un olvido del perro que te mordió la sangre/una delicia falsa/una fuga en mí mayor/un invento de lo que nunca se podrá decir? ¿Y si fuera la negación de la calle/la bosta de un caballo/el suicidio de los ojos agudos? ¿Y si fuera lo que es en cualquier parte y nunca avisa? ¿Y si fuera?

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Edición de bolsillo

La noche de Tlatelolco es quizá el libro mexicano más reeditado de los tiempos recientes, y con sobrada razón: en él Poniatowska reunió numerosos testimonios cruciales, vivos, asustados, indignados, dignos, valerosos, desafiantes, de los trágicos días de octubre de 1968. La intensidad de la crónica, el dolor del testimonio y la fuerza avasalladora de la denuncia le confieren a este libro su condición ejemplar. Ha sido, en efecto, un modelo tanto por su concepción y su factura como por su resonancia: es historia viva, memoria rebelde, arma contra el silencio. Como tal, La noche de Tlatelolco es el libro emblemático de México en las últimas décadas.

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Libro digital
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Faustina es una novela pero también es un habla: un soliloquio y una recuperación de palabras que se van desgastando, conforme cambian la ciudad y las maneras de vivirla. Se acumulan maneras de decir, y se van recuperando también maneras de comer, de añorar, de querer, de tener miedo. Quien ya está hablando cuando entramos al libro está contando su historia desde antes de que lo abramos, y cuando nos vayamos, en la última página del libro, no cesará.

Faustina cuenta la historia de una madre que no quiso dejar de ser sus antepasados, también la de un padre ausente y antiguo que vuelve una sola vez, una sola Navidad, para en realidad despedirse. La meliflua voz que narra esta novela dice que hay momentos en que el mundo muestra sus pliegues, cuando se puede ver que la realidad es una ilusión nuestra y que vivimos como figuras pintadas en un lienzo.

Esa misma voz luego se pregunta cuántas omisiones y azares confluyeron para que cada persona brotara en la tierra, para hacer de su carne destino y un poco de voluntad. Como la vida y el amor, Faustina es una historia que sólo termina para volver a empezar. Y a todo esto, ¿quién es Faustina?

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Nicolás, un joven obsesionado por la Generación Beat, vive su iniciación en las profundidades de la fiesta inmoderada y permanente que aguarda, para quien la busca, en la ciudad de México. Tras las mañanas en el orden sereno de la biblioteca, sobrevienen las noches en que se acuña un grupo de amigos, la cofradía de las almas desnudas.

Las noches mexicanas vibran entre las drogas y el deseo con una intensidad diferente para quien viene de fuera: Nicolás ha llegado huyendo de su lugar de origen, una república imaginaria, compuesta con todas las esencias de lo que han sido nuestras tierras. Entre el recuerdo de su país y el presente del deseo y la amistad, rondan los fantasmas de cada uno de los beatniks. Nicolás va viendo en sus amigas y en sus amigos rasgos de los escritores arrebatados a los que admira, sin saber que al final de esta taxonomía, como un espejo negro, lo espera su propio destino.

Parece que hemos olvidado para siempre las delicias de la ingenuidad, de la iniciación, de la aventura, hasta que regresan ciertas voces tocadas por la gracia y nos recuerdan sus amabilidades. En este caso, la voz de Vanesa Garnica, que escribe una novela que es nueva y joven de manera plena y agradecible.

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A partir de la publicación en 1996 de El arte de la fuga, la obra ensayística de Sergio Pitol se transformó en una galería de imágenes que, a la manera de los grandes vitrales góticos, revela en la suma de sus fragmentos el relato de una vocación, el paciente acopio de fronteras que afianzan un estilo.

Inventario de intuiciones y reminiscencias, de manías y fobias, este libro es el testimonio de una vida repartida y narrada desde la literatura, los rasgos que configuran el itinerario de un lector. Pitol ha ubicado su trabajo al amparo de una idea en la que los elementos menos visibles de la memoria y la imaginación trabajan juntos para alcanzar estructuras orgánicas, implacables. Aquí la semblanza biográfica, la nota de lectura y la conferencia se mezclan, con una facilidad de vértigo, al escrutinio de las propias agitaciones que se encuentran en la médula de toda escritura, para de ahí saltar a la reflexión política, al comentario de una obra plástica o al problema de la identidad en América Latina.

Escritos a lo largo de las dos últimas décadas, los ensayos que reúne este volumen constituyen las bifurcaciones de una vasta genealogía de afinidades. A los de Cervantes, Dickens, Galdós, Virginia Woolf y Chéjov, nombres recurrentes que pueblan la biblioteca esencial de Pitol, se suman ahora los de Carlos Fuentes, Fernández de Lizardi, Mon­terroso, Pacheco, Aira y Bellatin, como también el cine, la narrativa polaca, los proyectos editoriales de Tusquets y Anagrama, la pintura de Juan Soriano, Rufino Tamayo y Vicente Rojo, la cerámica de Gustavo Pérez, la literatura policial, distintos rostros con que se revela y esconde el tercer personaje que habita en estas páginas.

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Entrevistas

Elena Poniatowska ha entrevistado a todo el mundo. En algún momento, lo hizo cada día para varios diarios nacionales, sacando la línea, el aforismo, la declaración emocionada de los hombres y mujeres que le interesaban. Por ello fue muy aficionada a frecuentar la cárcel de Lecumberri en la que, en algún instante, residían pintores, como Siqueiros, escritores como José Agustín o José Revueltas y líderes del movimiento estudiantil de 1968. Pero esa manía sobrepasó las décadas y fue causante de libros como Fuerte es el silencio, un retrato hablado de los años setenta mexicanos.

Las entrevistas para Elena han sido una forma de alimentar sus crónicas y sus novelas. En ellas no parece haber nada más interesante que el instante en que la que interroga provoca en el entrevistado una reacción, una confesión, incluso una broma. La palabra, el modismo y hasta el mexicanismo detonan una historia contada en preguntas y respuestas. Es una forma de la crónica, aparentemente desentendida, causalmente lograda, pero no es así. Elena trabaja cada entrevista como se construye un texto de ficción. En esos diálogos se ventilan sus obsesiones, sus curiosidades por los demás y su idea, tan “poniatowkiana”, de darles voz a los que no la tienen. La suya es una curiosidad omniabarcante: Elena siempre se pregunta qué es México, desde la fecha en que llegó al puerto de Veracruz, exiliada de niña por la guerra europea, y sabía, por su abuela, que aquí se comían los corazones de la gente. A Elena, México le comió el corazón. Y estas entrevistas son sus registros.

Fabrizio Mejía Madrid

 

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Con un lenguaje poético que por momentos parece tensarse hasta su propia disolución, y con una ironía y un humorismo que no alcanzan a ocultar la angustia existencial que vibra detrás de cada uno de los versos, Julián Herbert plasma su visión de ese “punto medio del camino de nuestra vida” donde todo pare­­­ce transformarse de modo definitivo para nunca volver a ser lo que era.

Álbum Iscariote es un parteaguas en la obra de Herbert, un libro de tránsito donde se prefigura un abismo; es la búsqueda de un estilo poético que encuentre un lugar habitable en la caída y halle refugio en el mundo propio y en el entorno político. El camino que traza es un diálogo de ecos y resonancias con los autores que lo acompañan, tanto los muertos como los vivos, con sus contemporáneos como con sus clásicos personales, con la cultura íntima como con la popular, con las tradiciones entrelazadas del norte anglo y del norte mexicano. Las alusiones eruditas abundan como un modo de actualizar una herencia que es necesario poner en circulación de nuevo. De la época clásica grecolatina a la época prehispánica en América, se tensa una línea temporal que conecta la Antigüedad con el paso de los días que corren.

Álbum Iscariote expresa una perplejidad ante el oficio de poeta, ante el paso del tiempo –y la pérdida de la juventud–, ante la paternidad y, también, ante la trágica situación del país. En este libro desconcertante, sin duda la obra más ambiciosa de cuantas ha escrito, Herbert se angustia, juega con la tipografía, con las palabras, con las tachaduras, con los colores, con las definiciones, con los idiomas. El desamparo late en juegos visuales donde las palabras parecen adquirir vida propia, en versos truncos, en encadenamientos de letras, referencias bibliográficas y de internet, y hasta en imágenes y figuras violentas que se entrelazan con otras donde la cotidianidad se muestra en tonos de ternura y esperanza.

Narrador –cuentista y novelista–, ensayista, poeta, cantante, Julián Herbert es un insatisfecho de sí mismo que se encuentra y desencuentra en cada libro y a veces dentro cada libro. Éste libro no es la excepción.

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Dibujos de Francisco Toledo

El Bestiario, es decir el libro que reúne versos o poemas en prosa sobre animales, es una de las tradiciones ancestrales de la poesía. El antecedente más remoto que conocemos es el Physiologus que data de los primeros siglos de nuestra era. Nuevo álbum de zoología continúa esta línea y la trae hasta nuestro siglo XXI de frenética destrucción de la naturaleza y de especies en peligro, la humana en primer término. 

Jorge Esquinca ha sabido reconocer en los libros de José Emilio Pacheco el bestiario que corre a través de ellos. A cada edición sucesiva se han sumado otros animales y otras maneras de mirarlos. 

La difícil o imposible convivencia entre el ser humano y los otros habitantes de nuestro planeta compartido tiene en común el final desamparo de todos los que poblamos un astro minúsculo perdido entre millones de galaxias. «Los animales saben», escribió Samuel Beckett, y Pacheco revive con ellos una y otra vez esta lección. Desde los efímeros cocuyos hasta la ballena bíblica, desde el invisible ácaro hasta el orgulloso tigre, la mirada se mantiene alerta y se aparta de las contemplaciones gratuitas.   

A la manera de los bestiarios medievales sus poemas suelen convertirse en un espejo moral que lamenta nuestro instinto depredador. Testimonio de vital urgencia, Nuevo álbum de zoología cala en el enigma de lo que existe sin desatender la elemental pasión por esta “terrible, absurda, gloriosa vida”.  

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Bonnefoy parte aquí de un relato legendario: Zeuxis, famoso pintor griego del siglo V a.C., en una ocasión pintó unas uvas tan perfectas que los pájaros llegaron a picotear la tela. Los poemas transmiten una contemplación que toca de manera directa y también tangencial la interacción constante entre arte y realidad: ¿qué entendemos por realidad? ¿Es el fenómeno, las cosas mismas, o es aquella esencia imperecedera que está detrás, y de la cual el fenómeno es sólo una réplica? ¿El arte debe ser sólo una imitación de la naturaleza o ha de surgir, más bien, imitando sus múltiples procesos de creación?

En el texto “La invención de la pintura” y en “Más sobre la invención del dibujo” (poema inédito aun en francés, que Yves Bonnefoy ha dado exclusivamente para esta edición), la hija del alfarero de Corinto inventa el dibujo al querer trazar sobre el muro el contorno del cuerpo de su amante, proyectado por una lámpara. A partir de esta creación imaginaria, Bonnefoy alude a los antiguos vasos griegos de figuras negras, en los que las figuras tenían aspecto de sombras.

En la última parte del libro parecería darse una descomposición gradual de la acabada perfección del cuadro legendario de las uvas de Zeuxis. Los intentos del pintor se frustran; los pájaros, criaturas rapaces, llegan a su tela no sólo para picotear la pintura sino para robarle incluso las ideas. El “Autorretrato de Zeuxis” ofrece una conclusión llena de sugerencias: “La tumba de Zeuxis se encuentra en el repliegue de dos montañas, del otro lado de la falla. […] Sólo los pájaros que Zeuxis pintó a media altura del cantil pueden llegar a grandes aletazos hasta el lugar donde ahora reposa, y después volver hacia nosotros gritando en la estrecha galería donde nos rozan y nos dan pavor”.

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lascrisis

El libro presenta la historia de las crisis que han afectado al sistema capitalista desde 1929 y un análisis de las políticas de austeridad: temas de importancia para comprender el momento actual de la economía mundial.

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entradalibre
Edición Bolsillo

A lo largo de siete crónicas, vemos expresarse y actuar a grupos significativos de mexicanos, en situaciones de extrema tensión (los días del terremoto y la tragedia de San Juanico), en instantes de auge (la lucha en Juchitán, la disidencia magisterial, el movimiento popular urbano, el movimiento del CEU) y durante el clímax y el anticlímax del mundial de futbol. Entrada libre es quizás el libro más comprometido de Carlos Monsiváis porque el punto de vista que lo integra recobra aquella profunda (y clásica) noción de la política según la cual ésta es una acción cotidiana y fundamental de la sociedad.

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El legado de Adolfo Sánchez Vázquez

Los ensayos presentados en este volumen se proponen ofrecer un balance de la enorme relevancia y el gran influjo ejercido por el pensamiento y la obra de Adolfo Sánchez Vázquez, maestro de varias generaciones de filósofos, humanistas y científicos sociales, cuya interpretación del pensamiento de Marx marcó profundamente tanto a las ciencias sociales y la estética como a la filosofía moral y política no sólo en México, sino en los países de habla hispana en general.
Se analizan aquí –desde diversas perspectivas y con miradas provenientes de distintas disciplinas– tanto las experiencias del exilio español, de la Revolución cubana y del derrumbe del “socialismo realmente existente”, como el modo en que Sánchez Vázquez integró la reflexión sobre ellas en una sutil creación poética, en una elaborada interpretación renovadora del marxismo y en una persistente crítica del capitalismo contemporáneo, dentro del amplio espectro de su producción intelectual.
Este libro se comprende así como un homenaje y, a la vez, una reapreciación de la importancia, la recepción y la crítica del pensamiento de Sánchez Vázquez, cuya obra constituye sin ninguna duda una de las grandes aportaciones a la filosofía en lengua española de la segunda mitad del siglo XX.

Iyazú Cosío
Ana Rosa Domenella
Enrique González Rojo Arthur
Alberto Híjar Serrano
Gustavo Leyva Martínez
Francisco José Martínez
Ricardo Mendívil
María Rosa Palazón Mayoral
Sergio Pérez Cortés
Jorge Rendón Alarcón
Jesús Rodríguez Zepeda
Eduardo Sarmiento
Gabriel Vargas Lozano
Liliana Weinberg

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Versiones de José Emilio Pacheco

Un juego que atraviesa los siglos sin envejecer: Monika Beisner ha seleccionado las más bellas adivinanzas de las tradiciones de todos los países.

Gracias a José Emilio Pacheco, enigmas, charadas y adivinanzas se convierten en pequeños y sorpresivos poemas cuya clave hay que adivinar. Mira bien las imágenes de Monika Beisner: en ellas encontrarás todas las soluciones. Pero en su riqueza fabulosa se ocultan también horas de ensueños y viajes imaginarios.

 

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